Las
infraestructuras críticas de una nación proporcionan servicios esenciales
que sustentan la sociedad y sostienen su estilo de vida. Reconocemos a las
infraestructuras críticas en la energía que usamos en nuestros hogares y
negocios, en el agua que bebemos, en los sistemas de transporte que nos llevan de un lugar a otro, en los servicios de emergencia y hospitales de nuestras comunidades, en las granjas donde crece nuestra comida. Tiendas en las que compramos, y
en los sistemas de Internet y comunicaciones en los que confiamos para
mantenernos en contacto con amigos y familiares. La
seguridad y la resiliencia de toda esta infraestructura crítica es vital
no sólo para la confianza pública, sino también para la seguridad,
prosperidad y bienestar de una nación. Al menos así lo ve el Homland Security de USA <aquí>
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